Maravilloso
Salvador, con coraje y obediencia hasta la muerte fuiste fiel,
Con dolor y
sacrificio el amor fue escrito en tu piel.
Fue mi culpa, fue mi carne
Y mi pecado el que a la cruz te llevó.
Fue la
sangre, fue tu amor,
Fueron tus
heridas Redentor,
tu perdón el que me rescató.
Me postro
en el suelo, reconozco mis errores
Y la gracia
que me salvó.
Como gotas
de agua dulce, es tu sangre para mi,
Hoy resisto
al enemigo
porque tu
fuerza habita en mi.
Fue mi culpa, fue mi carne
Y mi pecado el que a la cruz te llevó.
Fue la sangre, fue tu amor,
Fueron tus heridas Redentor,
tu perdón el que me rescató.
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