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AMOR POR EL CIELO

A diario el amor recibe nuevos visitantes, unos pasajeros y otros permanentes, unos esporádicos y otros constantes... el amor en todas sus...

8 de enero de 2015

AMOR DEL CIELO

El amor de Dios, tan especial y perfecto, que incluso en momentos de silencio y prueba no deja de cobijarnos y recordarnos su incondicionalidad.  Recuerdo una canción que aprendí desde niña y que cantaba sin entender realmente la magnitud de las palabras que mi boca repetía.

"El amor del Señor es maravilloso, ¡Grande es el amor de Dios!.  Tan alto que no puede estar arriba de Él, tan bajo que no puede estar abajo de Él, tan ancho que no puede estar afuera de Él.  !Grande es el amor de Dios!".

Y la verdad es que cuando hemos conocido el amor de Dios y El nos ha reconocido como hijos por medio de Jesús, ese amor se imprime en nosotros, nos llena, nos atraviesa y nos sostiene, no podemos escapar a pesar del tiempo, las circunstancias y espacio que nos esforcemos en poner entre Él y nosotros.

Y aunque en ocasiones nos alejemos y nos comportemos de manera grosera, ignorando su consejo y haciendo que el frío de nuestro corazón nos impida sentir la calidez de su abrazo; lo cierto es que cuando reconocemos que le dimos la espalda, que corrimos en dirección equivocada, caímos y fallamos, nos giramos y ahí está Él, no a la distancia, no!, está ahí tras de nosotros, tan cerca que nos sorprende no haber sentido su respiración en nuestro cuello; está ahí, esperando con los brazos abiertos, los ojos fijos en nuestra mirada y con el corazón ardiendo de amor, con una sonrisa apacible y tranquila, que solo se desvanece para pronunciar nuestro nombre.  Listo y atento para abrazarnos o levantarnos, ponernos en sus piernas y apretarnos contra su tibio pecho, donde nos permite llorar, pedir perdón y humillarnos, para finalmente secar con su mano las lagrimas, besar nuestra frente, dejando que la sensación de paz llegue a cada célula, a cada átomo... y revistiendo con una felicidad diferente y agradable que no se compara con nada; es la Plenitud que trae sentirse libre, amado, perdonado y recibido de nuevo en casa, tras una fuga innecesaria en medio de un arrebato de inmadurez y emoción.


Pero Él lo perdona todo, no lo olvida... Él no olvida nada, porque va contra su naturaleza omnisciente olvidar, pero perdona, y ahí está la maravilla y el misterio de su amor, que aún sin olvidar, sabiendo lo que hemos hecho y la forma en que nos comportamos y actuamos, Él decide en su misericordia pasar por alto (no olvidar), nuestra rebeldía y pataleta.


Y ahí está, el amor más especial y perfecto, y no alcanzarán los libros ni todo el conocimiento de toda la humanidad, para algún día comprenderlo.

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