quiero vivir bajo tu fuego,
anhelo sentir tu presencia Espíritu de Dios.
Revive el amor que nació entre nosotros la primera vez, revive la pasión
y el deseo incontenible de vivir para escucharte,
para amarte, para obedecerte, para servirte y no contristarte jamás.
Haz de mí, dulce Espíritu un templo digno,
un cuerpo limpio y santo que te acoja cada día, cada noche hasta el final de los tiempos,
cuando con tu mano me arrebates de la tierra que hoy toca mis pies...
Canta conmigo, habla conmigo, duerme a mí lado y siéntate en mí mesa,
y disfrutemos de este banquete espiritual...
susurra a mí oído... no, no susurres, habla, grita... sopla
y derrama conocimiento, paz, gozo y plenitud!
Cuéntame tus planes para hacerlos míos,
hacerlos nuestros...
me quiero sumergir en ese río de amor que brota de ti, de tus palabras, de ti...
No hay comentarios:
Publicar un comentario